Gestión

8.ene.2019 / 09:26 am

Por: Gian Carlo Di Martino | Martes, 08/01/2019 09:29 AM 

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El 10 de Enero, en medio de una de las batallas y ataques más agresivos recibidos por mandatario alguno, toma posesión el presidente de la paz, Nicolás Maduro Moros, para un nuevo período de seis años de gobierno, que marca los corazones de los venezolanos; digo corazones porque El Gigante Chávez entró en el corazón de este pueblo bolivariano y no salió jamás, y allí con honor y dignidad lo llevamos prendado con todo nuestro amor, nuestra solidaridad, nuestra convicción, con todo nuestro orgullo. Allí forma parte de nuestro destino, de nuestro ser, de nuestras vidas.

Es justo reconocer la hidalguía y la gallardía de un hombre, de un líder, de un revolucionario, como Nicolás Maduro, que se cansó de demostrar que en la paz y no en la guerra, radica la valentía del ser humano, del ser que no se humilla, que decide ser libre, por encima de las hegemonías políticas y económicas mundiales.

Un valeroso guerrero que, con la bandera de la paz, no se le arrodilla a ningún imperio como el norteamericano, un imperio devastador, criminal, asesino, invasor. Nicolás Maduro, subestimado por los enemigos, resultó ser el combatiente más arrojado, decidido y victorioso de esta guerra de IV generación, planteada por los gringos asesinos, en la que nos pretenden encaminar a un enfrentamiento civil sin balas ni bombas, pero aplicando un criminal bloqueo financiero, que nos mantiene en jaque a todos los venezolanos.

Sin doblar la cerviz, el presidente Maduro, asume el 10E su nuevo mandato, que ganó en elecciones libres, transparentes, realizadas por el organismo electoral más confiable del mundo, abierto a la observación internacional y reconocido, incluso, por personalidades norteamericanas honestas, verdaderamente demócratas, como Jimmy Carter.

Maduro asume su nuevo mandato en el ajedrez continental sin valiosos camaradas como Cristina Kirchner, Rafal Correa, Lula Da Silva, y con todos los dedos activados de los gringos halando los hilillos de sus marionetas en el planeta, tal cual son los representantes del Grupo de Lima y de la Unión Europea.

A lo interno, Maduro enfrentó una oposición terrorista que embaucó a muchos incautos a quienes llevó a la violencia, utilizando, principalmente, a los jóvenes, para colocarlos al frente de los disturbios, con el fin de que resultaran blanco perfecto de matones, que ellos mismos infiltraban en las manifestaciones y concentraciones.

Mientras tanto, los cabecillas de las organizaciones anárquicas como Primero Justicia, Voluntad Popular, Un Nuevo Tiempo, entre otros grupos hamponiles, cobraban el botín de dólares que les enviaba el imperio yanqui, a través de su embajada en Caracas, para que mantuvieran la violencia dentro de las acciones hostiles que buscaban deponer, al presidente Nicolás Maduro.

Se hicieron ricos, millonarios, el caso de Julio Borges es un caso nauseabundo, repudiable. Un canalla apátrida que le vendió la conciencia a los gringos a costillas del hambre de los venezolanos, pidiendo sanciones económicas en contra de su propio pueblo. Ahora vive en Colombia a todas sus anchas, y sigue conspirando como uno de los hombres más ricos de Venezuela.

El presidente Maduro Moros ha tenido que gobernar con mandatarios vecinos arrastrados a Donald Trump y al servicio de los paramilitares y el narcotráfico, como Juan Manuel Santos, y ahora Iván Duque, por un lado y, por otro, con Jair Bolsonaro que no solo se le baja los pantalones a Trump, sino que él quiere ser como Trump, él quiere ser un Trump latinoamericano, sobre todo en lo estúpido e imbécil.

Maduro tuvo que sortear su gobierno con una Asamblea Nacional al servicio del golpe de estado, donde los diputados terroristas recibían directrices directas y expresas desde Washington. Un parlamento que se convirtió en centro de boicoteo de la gestión bolivariana. Todavía hoy en desacato y funcionando perversamente como caja de resonancia mediática, no discute una ley sino resulta del agrado de Donald Trump y sus secuaces del Departamento de Estado de los EEUU.

El máximo líder de la revolución bolivariana, enfrenta, además, una brutal corrupción ejecutada por altos funcionarios en el Gobierno bolivariano que, ciertamente, se arrastraron ante un maletín repleto de dólares norteamericanos, muchos de los cuales ya reciben su castigo en un hecho de justicia que nunca se vio en la IV República.

Maduro está bajo la mirada rigurosa, incluso, de los mismos chavistas de a pie, algunos críticos, otros descontentos. Sin embargo, el hombre no se doblega, está ahí de frente, luchando, sin dar un paso atrás, dando la cara ante cualquier ataque, ante cualquier agresión, ante cualquier adversidad. Para Maduro no existe el “yo no fui”, la clásica frase de los opositores asesinos, que nunca se responsabilizaron por ninguna de sus criminales acciones.

Al Presidente, camarada lector, camarada lectora, le ha tocado vivir las situaciones más inverosímiles que le haya tocado vivir a un mandatario, a quien el imperio quiere derrocar. Le lanzaron tres drones, para asesinarlo y eso fue prácticamente una fiesta mundial. Gente, incluso, orgullosa de haber participado en el acto criminal.

No es la primera vez que los gringos ejecutan o intentan un magnicidio, es cierto, pero en otras oportunidades y en contra de otros presidentes o personalidades, por lo menos, guardan las apariencias. Con Maduro protagonizaron un vulgar relajo mundial, que rayó casi en la burla, en complicidad con sus países satélites.

Y esto que les planteo, compañeros, compañeras, que me leen, bien sabemos que es apenas la puntica de todo ese gigantesco andamio que se ha construido para derrocarlo, por eso creo, que el 10E debe ser recordado o, yo diría mejor, establecido, como “El Día de la dignidad Bolivariana y Chavista” o “El Día de la Resistencia Bolivariana y Chavista”.

El digno hijo de Chávez merece ese reconocimiento y mucho más. El 10E continuará en el poder en contra de los detractores de la verdadera democracia, de la dictadura gringa y sus países satélites del Grupo de Lima y la UE, pero abrazado al mundo bueno, a ese mundo que cree en la solidaridad, en la justicia social, en el amor, en la paz.

Maduro seguirá adelante, no desmayará en esta dura batalla que libra y que apoyo en lo particular. ¡Cuente conmigo, camarada Presidente!, para esta y para cualquier otra circunstancia que se presente, por más difícil y riesgosa que resulte en esta dura contienda en contra del crimen, la maldad, la perversión, la injusticia, el saboteo.

Fuente: www.aporrea.org